Cómo repartir el presupuesto de una boda (sin arrepentirte después)
Cuando una pareja empieza a organizar su boda, suele hacerse la misma pregunta:
”¿Cómo repartir el presupuesto de una boda?”
Y entonces aparecen cientos de artículos diciendo que un 40 % debe destinarse al catering, un 10 % a las flores, un 8 % a la fotografía…
La realidad es que no existe una fórmula universal.
Porque no existen dos bodas iguales.
El presupuesto de una boda nunca debería repartirse siguiendo porcentajes fijos.
Debería repartirse siguiendo prioridades.
Antes del presupuesto hay tres decisiones mucho más importantes
Antes incluso de pensar en flores, música o fotografía, hay tres factores que condicionan completamente cualquier presupuesto de boda.
1. El tipo de boda que queréis celebrar
No cuesta lo mismo una boda íntima que una gran celebración.
Tampoco una boda urbana que una boda en una finca para bodas, un castillo, un hotel de lujo o una Destination Wedding.
El estilo de boda marca el punto de partida.
2. La fecha de la boda
La fecha de la boda cambia completamente el presupuesto.
No es lo mismo casarse un sábado de junio que un domingo de noviembre.
La temporada alta de bodas implica una mayor demanda de espacios y proveedores.
Y eso influye directamente en el coste final.
3. El número de invitados
Este probablemente sea el factor que más condiciona toda la planificación.
Cada invitado multiplica numerosas partidas:
* catering
* mobiliario
* vajilla
* cristalería
* papelería
* detalle de invitados
* personal de servicio
* transporte
* bebida
Por eso, antes de repartir el presupuesto conviene tener una estimación bastante realista del número de asistentes.
Ahora sí: establecer prioridades
Una vez conocemos el presupuesto disponible y entendemos las tres variables anteriores, llega la parte realmente importante.
Hacer una lista.
No de proveedores.
De prioridades.
Preguntaros:
¿Qué queréis que recuerden vuestros invitados cuando termine la boda?
Las respuestas suelen ser muy diferentes.
Y ahí es donde comienza una buena distribución del presupuesto de la boda.
Si vuestra prioridad es la gastronomía
Entonces tiene sentido invertir una parte importante del presupuesto en crear una experiencia gastronómica memorable.
No se trata únicamente del menú.
También cuentan:
* la calidad del producto;
* los tiempos de servicio;
* las estaciones gastronómicas;
* la recena;
* la presentación;
* la coordinación con el ritmo de la boda.
Si vuestra prioridad es la fiesta
Entonces probablemente tenga sentido reforzar partidas como:
* un DJ para bodas de gran nivel;
* sonido profesional;
* iluminación;
* escenarios;
* música en directo;
* efectos especiales;
* una producción técnica capaz de transformar completamente el espacio.
Porque una gran fiesta no depende únicamente de poner música.
Depende de la experiencia que consigue crear.
Si vuestra prioridad es la decoración
Aquí conviene saber una cosa.
La decoración floral para bodas es, probablemente, una de las partidas más efímeras y también una de las más delicadas.
Las flores trabajan contra el tiempo.
Contra el calor.
Contra el viento.
Y muchas instalaciones requieren horas de montaje y un enorme trabajo artesanal.
En decoración prácticamente existe un único límite.
La imaginación.
Y, por supuesto, el presupuesto.
Si vuestra prioridad es el espacio
Muchas parejas creen que elegir una finca para bodas es el final del camino.
En realidad, suele ser el principio.
Porque el espacio aporta una personalidad.
Pero después hay que decidir cómo potenciarla.
Quizá mediante:
* iluminación;
* velas;
* textiles;
* alfombras;
* estructuras;
* vegetación;
* mobiliario;
* decoración de bodas.
El espacio es el lienzo. La boda es la obra.
No todas las partidas tienen el mismo valor para todas las parejas
Y precisamente ahí está el error más habitual.
Intentar construir una boda siguiendo el presupuesto de otra persona.
Cada pareja tiene una forma distinta de emocionarse.
Y el presupuesto debería reflejar exactamente eso.
¿Por qué recomiendo contar con una wedding planner?
Porque las bodas han cambiado.
Muchísimo.
Hoy incluso las celebraciones más sencillas incorporan una enorme cantidad de decisiones, proveedores y elementos personalizados.
Una wedding planner no solo organiza.
Ayuda a tomar decisiones.
A distribuir correctamente la inversión.
A evitar errores.
Y, en muchas ocasiones, a ahorrar dinero precisamente porque sabe dónde merece la pena invertir… y dónde no.
Porque una buena planificación no consiste en gastar más.
Consiste en gastar mejor.
Y esa diferencia, casi siempre, termina notándose el día de la boda.