Superproducciones: cuando un evento deja de montarse y empieza a construirse.
Hay eventos grandes que no son superproducciones.
Y hay eventos que, sin parecer desmesurados sobre un plano, técnicamente sí lo son.
Confundir una superproducción de eventos con un evento simplemente grande es probablemente una de las formas más sencillas de no comprender lo que ocurre detrás de determinadas bodas, celebraciones y producciones especiales.
Porque una superproducción no se define únicamente por sus dimensiones, por su presupuesto o por la cantidad de elementos que aparecen en una fotografía.
Se define, sobre todo, por su complejidad técnica, logística y operativa.
Por la cantidad de decisiones que dependen unas de otras.
Por el número de profesionales que necesitan trabajar sobre un mismo espacio.
Y por algo todavía más importante: porque llega un momento en el que prácticamente nada puede montarse sin haber pensado antes qué tiene que ocurrir inmediatamente después.
Una superproducción no es simplemente una producción más grande
En cualquier evento existe un orden de montaje.
El mobiliario tiene que llegar en algún momento. Las flores se colocan en otro. El catering necesita preparar sus zonas de trabajo. El audiovisual necesita instalar sonido e iluminación.
Pero cuanto mayor es la complejidad de producción, menos independientes son todas esas operaciones.
En una superproducción, el audiovisual puede necesitar colocar una estructura antes de que aparezca cualquier otro proveedor.
Una pieza de escenografía puede condicionar una posición de iluminación.
Una instalación floral puede necesitar integrarse físicamente dentro de una estructura técnica.
Un punto de rigging puede determinar dónde puede —y dónde no puede— existir determinado elemento decorativo.
Una pantalla puede modificar una perspectiva completa.
Una mesa puede parecer perfectamente colocada sobre el plano y resultar incompatible con un tiro de cámara, una luminaria, una salida técnica o una circulación de servicio.
Ahí empieza realmente la diferencia.
La superproducción no consiste en acumular elementos. Consiste en conseguir que muchos sistemas diferentes funcionen como uno solo.
Los estándares profesionales del sector audiovisual y del espectáculo abordan precisamente de forma diferenciada sistemas de rigging, suspensión de cargas, iluminación, estructuras y comunicaciones, porque detrás de una producción compleja existen disciplinas técnicas distintas que deben integrarse. (tsp.esta.org)
El plano deja de ser orientativo
En determinadas producciones, unos centímetros pueden no tener demasiada trascendencia.
En otras, sí.
Cuando existen grandes estructuras de audiovisual, pantallas LED, iluminación suspendida, escenografía construida específicamente para el evento, instalaciones florales de gran formato o estructuras realizadas a medida, trabajar sobre aproximaciones deja de ser posible.
El plano tiene que convertirse prácticamente en un lenguaje común entre departamentos.
Medidas.
Alturas.
Ejes.
Distancias.
Accesos.
Puntos de apoyo.
Circulaciones.
Ubicaciones técnicas.
Todo empieza a relacionarse.
Porque desplazar un elemento no siempre significa desplazar solamente ese elemento.
Puede significar modificar una estructura, recalcular una posición técnica, alterar una instalación floral y volver a revisar aquello que debía suceder alrededor.
Por eso, en una producción técnica de gran formato, medir bien no es obsesión por el detalle.
Es evitar que los problemas aparezcan cuando ya no existe tiempo para solucionarlos.
La coordinación de proveedores, el verdadero problema es la convivencia
Una de las partes más delicadas de una superproducción es decidir quién monta, cuándo monta y sobre qué puede montar.
No todos los proveedores pueden entrar al mismo tiempo.
Pero tampoco siempre pueden trabajar unos después de otros.
En muchas ocasiones tienen que hacerlo de forma parcialmente simultánea.
Y ahí aparece una de las mayores dificultades de dirección.
Imaginemos una gran estructura central sobre un banquete.
Audiovisual necesita levantar primero determinados elementos estructurales.
Iluminación tiene que entrar antes de que algunas zonas queden bloqueadas.
Floristas necesitan acceder a esa misma estructura para realizar su instalación.
El mobiliario tiene que posicionarse en algún momento.
Catering necesita circulación suficiente para desarrollar su propio montaje.
Y después habrá que elevar, ajustar, enfocar, vestir, limpiar y comprobar el conjunto.
No existe una secuencia universal.
Precisamente por eso hay que diseñarla.
El propio Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo considera la planificación del montaje y desmontaje una parte específica de la gestión de un evento y señala la necesidad de contemplar los riesgos derivados de sus condiciones técnicas y materiales durante esas fases. (Portal INSST)
Montar antes para poder montar después
Esta es una de las paradojas de las superproducciones.
Hay proveedores que tienen que trabajar cuando aparentemente todavía “no hay evento”.
En determinadas producciones, el montaje puede comenzar varios días antes.
No porque todo necesite ese tiempo, sino porque existe una secuencia que no puede comprimirse sin generar conflictos.
Primero pueden necesitar instalarse determinados sistemas estructurales.
Después parte del audiovisual.
Después escenografía.
Después determinados elementos decorativos.
Después mobiliario.
Después floral.
Y, en paralelo, pueden estar desarrollándose instalaciones eléctricas, zonas de catering, pruebas técnicas, contenidos audiovisuales, iluminación o sonido.
El orden dependerá siempre de cada proyecto.
Pero existe una regla difícil de esquivar:
aquello que condiciona físicamente al resto debe resolverse antes de que llegue el resto.
Intentar recuperar unas horas perdidas en las primeras fases incorporando más equipos simultáneamente no siempre acelera una superproducción.
A veces consigue exactamente lo contrario.
Más vehículos.
Más personal.
Más maquinaria.
Más instrucciones cruzadas.
Y menos espacio para trabajar.
El audiovisual deja de ser un proveedor más
En las superproducciones, una gran partida audiovisual puede modificar completamente la arquitectura temporal de un evento.
Ya no hablamos simplemente de colocar altavoces, focos o una pantalla.
Podemos estar hablando de estructuras suspendidas, truss, motores, grandes superficies LED, iluminación técnica y decorativa, sistemas de control, cableado, distribución eléctrica, contenido audiovisual y equipos redundantes.
AVIXA describe las producciones de eventos en directo precisamente como sistemas integrados de audio, vídeo, control y staging, y en producciones complejas aparecen además perfiles específicos para sonido, vídeo, contenidos, gestión técnica y dirección de escena. (Avixa)
Esto tiene una consecuencia evidente:
el diseño técnico no puede hacerse cuando el diseño estético ya está terminado.
Tiene que desarrollarse con él.
Porque cuando audiovisual y diseño trabajan como dos mundos separados, alguien acaba renunciando a algo.
Cuando trabajan desde el principio sobre la misma producción, ocurre lo contrario: la técnica desaparece visualmente y el diseño empieza a utilizarla a su favor.
Ese es, probablemente, uno de los mayores indicadores de una producción verdaderamente bien dirigida.
La iluminación no consiste únicamente en iluminar
En determinadas bodas y eventos, la iluminación construye el espacio casi tanto como la decoración.
Pero una gran propuesta lumínica implica mucho más que decidir qué temperatura o qué ambiente queremos.
Hay posiciones.
Alturas.
Ángulos.
Potencias.
Estructuras.
Equipos.
Programación.
Orientación.
Elementos que pueden generar sombras.
Superficies que reaccionan de manera diferente.
Instalaciones florales que tienen que convivir con luminarias.
Y escenas distintas durante una misma celebración.
La iluminación de una cena puede no ser la iluminación de una actuación.
La entrada puede necesitar una programación.
Un cambio de ambiente puede exigir otra.
Una pieza artística puede necesitar un tratamiento completamente distinto.
Por eso, en una superproducción, la pregunta no es solamente cómo queremos que se vea el espacio.
También es cómo vamos a conseguir técnicamente que llegue a verse así.
Las grandes estructuras cambian las reglas
Cuanto más crece una producción, mayor importancia adquiere todo aquello que normalmente el invitado nunca ve.
Estructuras.
Cargas.
Puntos de suspensión.
Contrapesos.
Maquinaria.
Instalaciones eléctricas.
Protecciones.
Cableado.
Distribución técnica.
Las normas profesionales del sector del espectáculo regulan específicamente cuestiones relacionadas con sistemas de elevación, rigging y suspensión de cargas utilizadas para iluminación, escenografía y otros elementos de producción. (tsp.esta.org)
No porque sean la parte más espectacular.
Precisamente porque son la parte que no admite improvisación.
El invitado verá una lámpara suspendida sobre una mesa.
Producción tiene que ver todo lo que permite que esa lámpara esté ahí.
El espacio condiciona una superproducción
Una superproducción no se diseña sobre un folio en blanco.
Se instala dentro de un lugar que ya tiene arquitectura, limitaciones y funcionamiento propio.
Una finca.
Un palacio.
Un edificio histórico.
Una nave.
Un hotel.
Un jardín.
Cada espacio introduce sus propias reglas.
Accesos de camiones.
Horarios.
Alturas.
Resistencia de determinados pavimentos.
Puntos eléctricos.
Posibilidades de anclaje.
Protección patrimonial.
Circulaciones.
Limitaciones acústicas.
Zonas donde puede trabajar maquinaria y zonas donde no.
Por eso una producción extraordinaria sobre un render puede convertirse en un problema extraordinario cuando intenta aterrizarse sobre un espacio que nunca fue estudiado técnicamente.
Antes de diseñar hacia arriba hay que conocer perfectamente lo que existe debajo.
El catering también forma parte de la producción
En una gran producción existe cierta tendencia a considerar audiovisual, decoración y escenografía como “el montaje” y al catering como algo que aparecerá después.
Es un error.
En una gran producción, decidir entre catering propio o catering externo, con experiencia, especialidades, u otros talentos o variables, condiciona también parte de esa operativa.
Un catering mueve equipos, cámaras, office, mobiliario, menaje, personal, producto y circuitos completos de servicio.
Necesita accesos.
Necesita tiempos.
Necesita recorridos.
Necesita zonas operativas.
Y necesita que aquello que se ha diseñado permita realmente servir.
Una sala puede ser espectacular y estar mal producida si obliga a que cincuenta camareros crucen continuamente una zona técnica, si una estructura bloquea el recorrido natural hacia cocina o si el diseño del banquete hace imposible mantener el ritmo de servicio previsto.
Por eso, la distribución de invitados no es solo una decisión estética… La estética no termina donde comienza la operativa.
La buena producción consigue que ambas cosas sean exactamente el mismo proyecto.
El montaje de una superproducción tiene una coreografía
Puede parecer una palabra extraña para hablar de producción.
Pero probablemente sea una de las más precisas.
Una superproducción tiene coreografía.
Camiones que llegan en determinado orden.
Equipos que descargan.
Maquinaria que accede antes de que determinadas zonas queden ocupadas.
Profesionales que trabajan por capas.
Elementos que suben.
Otros que entran debajo.
Otros que solo pueden colocarse cuando algo anterior ha sido probado.
Y otros que tienen que esperar hasta prácticamente el final.
El trabajo de dirección consiste en entender esa coreografía antes de que comience.
Porque cuando cientos de decisiones terminan concentrándose en unas pocas horas, el horario de montaje deja de ser una agenda y se convierte en una herramienta de producción.
Dirigir a especialistas en una superproducción
Una superproducción reúne profesionales que saben muchísimo de cosas completamente diferentes.
El técnico de iluminación sabe más de iluminación.
El responsable de rigging sabe más de estructuras y cargas.
El florista sabe cómo construir una instalación vegetal.
El catering sabe cómo desarrollar un servicio.
El escenógrafo conoce su construcción.
La función de dirección no consiste en saber más que cada uno de ellos de su propia disciplina.
Consiste en comprender suficientemente todas para saber cómo afecta el trabajo de uno al trabajo del siguiente.
Y después tomar decisiones.
AVIXA destaca precisamente que, a medida que una producción avanza hacia ejecución, se incorporan numerosos perfiles técnicos y que definir responsabilidades y líneas claras de comunicación evita instrucciones contradictorias y retrasos cuando existen múltiples partes implicadas. (Avixa)
En producciones pequeñas una decisión aislada puede quedarse aislada.
En una superproducción casi ninguna lo está.
¿Qué convierte realmente un evento en una superproducción?
No existe una cifra mágica.
Ni un número concreto de invitados.
Ni una cantidad determinada de metros de LED.
Ni un presupuesto a partir del cual podamos cambiar automáticamente de categoría.
Yo la definiría de otra manera.
Una superproducción aparece cuando confluyen varias circunstancias:
Alta complejidad técnica.
Grandes estructuras o instalaciones especiales.
Necesidad de una planificación de montaje extensa.
Multiplicidad de equipos trabajando sobre un mismo espacio.
Interdependencia entre proveedores.
Escaso margen de error dimensional.
Necesidad de integrar técnica, estética y operativa desde el diseño.
Una logística que necesita ser dirigida, no simplemente coordinada.
Y, sobre todo, aparece cuando modificar una sola pieza puede tener consecuencias sobre muchas otras.
Esa es la verdadera escala que importa.
No cuánto ocupa el evento.
Sino cuántas cosas tienen que suceder correctamente para que nadie perciba todo lo que ha sido necesario para construirlo.
El lujo de una superproducción bien hecha es que no parezca complicada
Quizá esta sea su contradicción más bonita.
Cuando una gran producción está bien dirigida, el invitado no debería percibir su dificultad.
No debería pensar en motores.
Ni en cargas.
Ni en horarios de montaje.
Ni en planos.
Ni en cientos de metros de cable.
Ni en qué proveedor tuvo que terminar antes para que otro pudiera empezar.
Debería entrar y sentir que todo pertenece naturalmente a ese lugar.
Como si siempre hubiera estado allí.
Pero detrás de esa aparente facilidad puede haber días de montaje, decenas de empresas, cientos de profesionales y una precisión enorme en la toma de decisiones.
Una superproducción no demuestra su magnitud enseñando cuánto trabajo contiene.
La demuestra consiguiendo que todo ese trabajo desaparezca.
Y dejando únicamente el resultado