Carpas para bodas: del plan B a convertirse en protagonistas del evento

Hace quince años, plantear una carpa para una boda solía significar una cosa: había un problema.

Lluvia.

Falta de espacio interior.

Un plan B que nadie quería utilizar.

Durante mucho tiempo fueron estructuras funcionales, pero estéticamente difíciles de defender: lonas blancas, perfilería completamente visible, moquetas imposibles y una sensación provisional que obligaba a invertir buena parte de la decoración en intentar esconder la propia carpa.

Hoy ocurre exactamente lo contrario.

Las carpas para bodas han evolucionado hasta convertirse en verdaderas construcciones efímeras. Transparentes, tensadas, de vela, beduinas, con estructuras de madera, cerramientos rígidos o proyectos prácticamente construidos a medida.

Y algunas son espectaculares.

Hasta el punto de que ya no siempre llegan a una boda como consecuencia de un plan B.

En muchas ocasiones, son el plan A.

Una carpa para una boda ya no tiene por qué ser un plan B

Esta es probablemente la mayor transformación que se ha producido.

Una carpa puede seguir siendo una extraordinaria solución frente a la lluvia, pero reducirla a esa función significa ignorar buena parte de sus posibilidades.

Puede permitir celebrar un banquete en un jardín que no dispone de capacidad interior suficiente. Crear un salón temporal delante de un paisaje excepcional. Transformar una finca privada. Ampliar un edificio existente. Construir una zona de fiesta. O generar una arquitectura completamente nueva exclusivamente para una boda.

Por eso hay dos situaciones completamente diferentes.

La carpa como plan B

Si existe como alternativa meteorológica, debe proyectarse desde el principio de la organización de la boda.

No basta con reservar una estructura “por si llueve”.

Hay que comprobar que el espacio alternativo admite realmente el número de invitados, las mesas, el servicio de catering, los recorridos, la producción audiovisual, la iluminación, las salidas, la pista de baile y todo aquello que estaba previsto para el proyecto exterior.

Un plan B no debería ser una versión empobrecida del plan A.

Debería ser otra versión del mismo evento.

La carpa como plan A

Aquí cambia completamente el planteamiento.

Ya no estamos intentando cubrir un espacio.

Estamos construyéndolo.

Y eso permite trabajar la estructura como trabajamos cualquier otro elemento arquitectónico del proyecto: su relación con el paisaje, la altura, la transparencia, los accesos, la iluminación, el pavimento, los textiles, la vegetación o la forma en la que el exterior entra visualmente en ella.

Una carpa extraordinaria puede convertirse en una de las imágenes más importantes de una boda.

Qué tipos de carpas para bodas existen

No existe una carpa mejor que otra.

Existe una estructura adecuada —o inadecuada— para cada proyecto.

Carpas transparentes

Probablemente son las que mejor explican la evolución estética de este sector.

Permiten mantener visualmente el jardín, los árboles, una fachada o el paisaje y, especialmente durante la noche, pueden generar la sensación de estar celebrando dentro de un gran pabellón de cristal.

Pero la transparencia tiene consecuencias técnicas.

Hay que estudiar la incidencia solar, la temperatura interior, la climatización, la ventilación, los reflejos y la orientación.

Una maravillosa carpa transparente a las diez de la noche puede comportarse de manera completamente diferente a las cinco de la tarde de un día de junio.

Diseñar es también anticipar eso.

Carpas vela

Las cubiertas tensadas y los mástiles permiten una arquitectura mucho más ligera visualmente.

Funcionan especialmente bien cuando se busca mantener cierta conexión con el paisaje y pueden integrarse con iluminación, madera, vegetación y elementos suspendidos sin necesidad de convertir el interior en un espacio completamente cerrado.

Carpas beduinas o stretch

Sus formas orgánicas permiten trabajar configuraciones menos rígidas y mantener diferentes zonas abiertas.

Son especialmente interesantes en determinados entornos naturales porque la propia tensión del tejido genera una arquitectura visual que forma parte del diseño.

Estructuras modulares y proyectos a medida

Aquí las posibilidades son enormes.

Estructuras con cubiertas transparentes y laterales opacos. Techos revestidos. Fachadas rígidas. Suelos elevados. Pórticos de entrada. Pasarelas. Climatización integrada. Instalaciones florales suspendidas. Iluminación arquitectónica.

Llegado cierto nivel de producción, hablar simplemente de “poner una carpa” deja de describir lo que estamos haciendo.

Estamos construyendo temporalmente un edificio.

El tamaño de la carpa no se calcula únicamente por el número de invitados

Este es uno de los errores más frecuentes.

Una estructura puede admitir técnicamente a determinado número de personas y no ser adecuada para una boda con ese mismo número de invitados.

Porque los invitados no llegan solos.

Llegan las mesas.

Las sillas.

Los pasillos.

Las barras.

El escenario.

La pista.

Los puestos gastronómicos.

La producción audiovisual.

Las estaciones de servicio.

Los recorridos del personal.

Y, además, existen pilares, mástiles, tensores, accesos y salidas que condicionan la distribución.

Por eso la capacidad real de una carpa para bodas debe calcularse sobre el proyecto completo, no sobre una cifra genérica de metros cuadrados por persona.

Primero se diseña lo que tiene que ocurrir dentro.

Después se comprueba cuánto espacio necesita realmente.

Una carpa no es solamente una cubierta

Cuando se compara el precio de una carpa con el de un espacio construido suele cometerse otro error: comparar únicamente la estructura.

Pero para convertir una carpa en un verdadero espacio de celebración pueden ser necesarios muchos otros elementos:

suelo o tarima nivelada, cerramientos, accesos, rampas, iluminación, instalación eléctrica, climatización, generadores, revestimientos, textiles, puertas, zonas técnicas, protección frente al agua y conexiones con otras áreas del evento.

Y después llega todo lo que tiene que suceder dentro.

Catering.

Decoración.

Audiovisual.

Sonido.

Iluminación.

Mobiliario.

Una carpa puede ser una solución extraordinaria.

No necesariamente una solución económica.

En determinadas producciones, construir correctamente ese espacio temporal puede representar una partida importantísima del presupuesto.

Antes de elegir la carpa hay que estudiar el terreno

Aquí empieza la parte menos fotogénica y probablemente una de las más importantes.

Una carpa no empieza cuando llega el primer camión.

Empieza cuando se estudia dónde va a instalarse.

Hay que comprobar pendientes, composición y resistencia del terreno, drenajes, orientación, exposición al viento, accesos, vegetación, instalaciones enterradas y posibilidades reales de anclaje.

También qué ocurre si llueve durante los días anteriores.

Un jardín perfectamente transitable en seco puede comportarse de forma completamente distinta después de varias horas de lluvia.

Y cubrir el banquete no sirve de demasiado si los invitados tienen que atravesar treinta metros de barro para llegar hasta él.

Las picas: unos centímetros pueden importar muchísimo

Las estructuras temporales necesitan sistemas de anclaje o contrapesado adecuados a su diseño, al terreno y a las cargas previstas.

Y aquí no se improvisa.

Antes de introducir una pica en el terreno hay que saber qué longitud tiene, cuánto va a penetrar y qué existe debajo de ese punto.

Puede haber instalaciones de riego.

Conducciones eléctricas.

Tuberías.

Drenajes.

Raíces.

Soleras.

Elementos arqueológicos.

O simplemente un suelo en el que está prohibido perforar.

Una diferencia aparentemente insignificante puede convertirse en un problema enorme.

Por eso la empresa responsable de la estructura debe trabajar con la información del espacio y con los cálculos y sistemas de fijación correspondientes.

Cuando no puede perforarse el terreno pueden estudiarse sistemas de lastre o contrapesado.

Pero tampoco consiste en colocar pesos arbitrariamente.

Esos elementos forman parte del comportamiento estructural de la instalación y, además, ocupan espacio. Hay que calcularlos, colocarlos y preverlos dentro del proyecto.

Especial cuidado con las carpas en espacios protegidos

Aquí aumentaría muchísimo la prudencia.

En edificios protegidos, jardines históricos, Bienes de Interés Cultural y sus entornos de protección, una estructura temporal no puede tratarse como si estuviéramos trabajando sobre cualquier finca.

Que algo pueda desmontarse después no significa que podamos instalarlo de cualquier manera.

Antes del montaje hay que conocer exactamente el grado de protección del inmueble y qué actuaciones permite.

¿Podemos perforar ese suelo?

¿Podemos apoyar una estructura?

¿Podemos aproximarnos a determinada fachada?

¿Existen árboles protegidos?

¿Hay elementos arqueológicos?

¿Puede acceder maquinaria pesada?

¿Necesitamos autorización patrimonial?

¿Existen limitaciones visuales sobre la instalación de estructuras en el entorno?

Son preguntas que deben responderse antes de cerrar el proyecto, no durante el montaje.

Y esto no es exceso de prudencia.

La legislación de patrimonio establece controles y autorizaciones específicas para determinadas intervenciones sobre Monumentos, Jardines Históricos, zonas arqueológicas y entornos protegidos.

Por tanto, cuando trabajamos en patrimonio, el espacio no se adapta a nuestra producción.

Nuestra producción tiene que adaptarse al espacio.

Una fachada histórica no es material de producción

Parece evidente.

No siempre lo es.

En un edificio protegido no debería darse por hecho que una columna, una balaustrada, una reja, una fachada o un árbol pueden utilizarse como punto de apoyo simplemente porque están en el lugar adecuado.

Lo mismo ocurre con cables, iluminación, sonido, instalaciones florales o cualquier elemento suspendido.

Cada punto de carga y cada contacto con el inmueble debe estar previamente previsto y autorizado cuando corresponda.

La arquitectura existente no es una parte gratuita de la infraestructura técnica del evento.

También hay que estudiar cómo llegará la carpa hasta allí

Podemos diseñar una estructura que cabe perfectamente en un jardín y descubrir después que resulta extraordinariamente complicado llevarla hasta él.

Porque una carpa no llega en una fotografía.

Llega en camiones.

Y con ella pueden llegar tarimas, estructuras metálicas, cerramientos, climatización, generadores, plataformas elevadoras, maquinaria y muchísimo material auxiliar.

Por eso, especialmente en fincas históricas y espacios protegidos, las descargas deben formar parte del proyecto técnico y operativo.

Hay que estudiar anchuras de acceso, alturas, radios de giro, resistencia de caminos y pavimentos, zonas de descarga y almacenamiento temporal.

Un camino puede soportar perfectamente cincuenta coches y no estar preparado para soportar determinados vehículos pesados.

Un pavimento histórico puede dañarse.

Una rama puede impedir el paso.

Un terreno húmedo puede hundirse.

Y un camión mal situado puede bloquear durante horas el trabajo del resto de proveedores.

Montaje y desmontaje: la boda dura un día, la producción no

Otra cuestión que muchas veces queda fuera de la conversación inicial.

Las grandes estructuras necesitan tiempo.

Dependiendo de su complejidad, puede ser necesario comenzar varios días antes del evento y mantener ocupada una parte importante del espacio durante todo el proceso.

Después hay que desmontarla.

Eso afecta al alquiler del lugar, a los horarios autorizados, al personal, a la seguridad y al calendario del resto de proveedores.

En una producción compleja no basta con saber a qué hora empieza la boda.

Hay que saber cuándo puede entrar el primer camión y cuándo tiene que haber salido el último.

¿Qué debe comprobarse antes de contratar una carpa para una boda?

Antes de tomar una decisión deberían estar resueltas, como mínimo, estas cuestiones:

El número real de invitados y la distribución prevista.

Las dimensiones útiles de la estructura.

El sistema de anclaje o contrapesado.

Las características y limitaciones del terreno.

La exposición al viento y a la lluvia.

El pavimento y la nivelación.

Los accesos y recorridos de evacuación.

La climatización y ventilación necesarias.

La instalación eléctrica y potencia disponible.

Los accesos de proveedores y vehículos pesados.

Las zonas de carga y descarga.

Los tiempos necesarios de montaje y desmontaje.

Las licencias, documentación técnica y autorizaciones que correspondan.

Y, en espacios protegidos, las limitaciones patrimoniales específicas del lugar.

La estética viene después.

Porque una carpa preciosa que técnicamente no funciona sigue siendo una mala carpa.

Las carpas han dejado de ser aquello que intentábamos esconder

Quizá esa sea la mejor forma de explicar lo que ha sucedido en los últimos quince años.

Antes decorábamos muchas carpas intentando que parecieran otra cosa.

Ahora podemos diseñarlas precisamente para que sean ellas las protagonistas.

Podemos mirar el cielo a través de una cubierta transparente.

Crear una enorme estructura de vela entre árboles.

Construir un salón donde ayer solamente existía un jardín.

O hacer desaparecer prácticamente sus límites para que el paisaje forme parte del interior.

Eso es lo interesante de trabajar con arquitectura efímera.

Durante unos días existe un espacio que antes no estaba allí.

Después desaparece.

Y si el proyecto está realmente bien construido, nadie debería recordarlo simplemente como “la carpa”.

Debería recordar lo que ocurrió dentro.

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